Connect with us

DATOS

Espionaje parental ¿Puedo revisar el teléfono móvil de mi hijo sin su permiso?

Published

on

Espiar o no espiar” ese es el concepto que atormenta la moral de padres y educadores quienes a menudo tienen la mirada puesta en el terminal de sus hijos. Monitorizar su móvil es una práctica no exenta de detractores en la que la ley no ofrece una respuesta clara.

La Ley Orgánica 1/1996 de protección jurídica del menor dicta que” los menores tienen derecho al honor y a la intimidad familiar y personal”. Está claro que este derecho incluye también el secreto a las comunicaciones privadas y en consecuencia también incluye su terminal. Solo la autorización de un Juez habilitaría formalmente a un padre a ejercer la práctica de vigilancia tecnológica hacia sus hijos.

Por otro lado, existe la patria potestad o principio mediante el cual la jurisprudencia entiende que los padres deberán velar por el cuidado y protección del niño. Protegerlo frente a vulnerabilidades como el grooming o el ciberacoso justificaría esa intromisión al protegerlo de amenazas propias de la red. Durante los últimos años se han producido sentencias judiciales en las que los progenitores eran absueltos de presuntos delitos de intromisión a la intimidad.

Los niños empiezan su vida digital cada vez más pronto, de hecho, el 68% de ellos ya tiene su propio terminal según un informe del Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad.

Según el informe Impacto de las Pantallas en la Vida Familiar, el 38% de los padres regaló un móvil a su hijo para tenerle localizado. Un 44% de los padres afirma que las pantallas son una fuente habitual de conflicto con sus hijos.

Algunos padres ejercen todo tipo de conductas controladoras que no tienen cabida en la ley. Acceden a e-mails ajenos, leen sus conversaciones, cometen actos de intrusismo informático y hasta crean perfiles falsos en redes sociales para así hacerse amigo de sus hijos y conocer lo que hacen en sus grupos de WhatsApp. Estas prácticas revierten en un entorno digital inseguro en el que se percibe a los padres como la propia amenaza. Son padres armados tecnológicamente quienes no dudan en utilizar tablets, apps y sitios web para cruzar las fronteras de la confianza.

Tampoco faltan apps dedicadas al “control parental”. Inicialmente actuaban como filtro para que los menores no accedieran a contenidos inadecuados. Con los años se han vuelto más “agresivas”, ofrecen informes sobre desplazamientos, palabras claves buscadas en Internet, copias de WhatsApps y mensajes enviados y una geolocalización casi perfecta sobre el terreno.

Espiar las redes de un menor puede dañar el vínculo emocional que se mantiene con él. Le empuja a saltarse las prohibiciones y repercute en una pérdida de confianza hacia sus progenitores quienes son percibidos como figuras de control. En algunos procesos de divorcio algunos padres utilizan el móvil de sus hijos como medio para controlar a su ex pareja mediante la geolocalización constituyendo un arma de doble filo difícil de controlar.

Clic para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *